La observación es un proceso consciente en el que hacemos uso de nuestros sentidos para adquirir información. Según la concepción constructivista del aprendizaje, observar no es absorber información como una esponja absorbe agua, sino una labor de selección, influida por nuestras expectativas y conocimientos previos. Si pedimos a un físico y a un artista que miren el cielo al mismo tiempo, los dos observarán distintas cosas. El físico hablará del p
roceso de formación de las estrellas, del tiempo y el espacio, mientras que un artista pensará en la forma y el color de las nubes, y en las imágenes visuales que le inspiran.
La idea de realizar un observatorio ornitológico, una pieza tan singular y eminentemente paisajística en un entorno urbano tan consolidado, parte del promotor que propone varias localizaciones dentro una zona de singular belleza. Tras un minucioso estudio fotográfico de encuadres, se eligió la ubicación que considerábamos más idónea, entre otras razones, por tratarse de un punto estratégico para la observación pormenorizada de gran cantidad de aves migratorias sin necesidad de alterar su hábitat natural. Solo restaba situarse entre dos magníficos ejemplares arbóreos para conseguir que el volumen construido se integrara plenamente en la propia vegetación de ribera como un elemento más. La elección del material para su ejecución parecía evidente. La madera resultaba el componente constructivo más interesante.
Originariamente, la zona de implantación del observatorio no era accesible al público, quedando delimitada por una balaustrada y existiendo un desnivel de aproximadamente 5 metros entre el pavimento del paseo y el caudal normal del río Ebro. Por ello la actuación también contempla la construcción de una pasarela de acceso paralela al río, fusionándose con el propio objeto e introduciendo la continuidad exterior-interior a través de la propia madera que se convierte en único y exclusivo protagonista constructivo.
La estructura principal (cuatro jácenas, las diagonales y las traviesas) está realizada con madera laminada de pino silvestre, clase resistente GL28c, procedente de bosques gestionados de manera sostenible con certificado PEFC. Los rastreles y tablas están ejecutados con madera de pino de clase C24. Toda la madera esta tratada en autoclave con el producto Celure AC-800 para una clase de riesgo III.
La forma estructural produce 40 nudos singulares con ángulos de encuentro diferentes, resueltos mediante piezas de unión y tornillería de acero galvanizado en caliente posteriormente pintados. Tirafondos con tratamiento dacromet para exteriores.
Los cuatro puntos de apoyo de la estructura se resuelven con articulaciones verdaderas sobre dos encepados, unidos mediante dos vigas centradoras, con micropilotes de 200 mm a 8 metros de profundidad.










